Piero miró el comedor con ansiedad. Por tercera o quizás cuarta vez hizo una lista mental para asegurarse de que tenía todo listo.
—¿Tú que dices? —le preguntó a Alba. Su hija parecía más entretenida en lograr meter su puño completo en la boca.
Alba balbuceó algunas palabras incomprensibles antes de volver a lo suyo. Piero decidió tomarlo como su visto bueno.
Su celular comenzó a sonar y Piero lo levantó de la mesa. En el identificador se mostraba el nombre de Caterine.
—Ella va para tu casa —a