Nerea sujetó con fuerza la mano de Piero y tiró de él en dirección contraria a la que se dirigían sus invitados. Si alguien los vio marcharse, no hizo nada para detenerlos. De todas formas, debía darse prisa. La ceremonia acababa de terminar y solo tendrían unos momentos antes de que los demás notarán su ausencia en la recepción.
La boda había pasado bastante rápido. Nerea no había podido concentrarse en nada más que el hombre que lo seguía sin poner resistencia, el hombre que ahora era oficial