Piero apretó la mano de Nerea mientras miraba la pantalla. Toda su atención estaba en la imagen que allí se mostraba, la imagen de su bebé. No es que pudiera ver más que una pequeña mancha oscura, pero el orgullo hinchó su pecho. Aquel era su hijo y dentro de algunos meses estaría en sus brazos.
Amaba a Alba y eso jamás iba a cambiar, pero aún estaba aprendiendo a lidiar con el resentimiento que tenía con su madre biológica por haberlo privado de aquellas experiencias. Se había perdido de tanto