Tokio – El Amanecer en el Ryokan
La luz del sol comenzaba a bañar la habitación. Tras la intensa noche, María y Vladimir se encontraban en un momento de vulnerabilidad y honestidad brutal.
—Vladimir... —susurró María, mientras trazaba con sus dedos las cicatrices en la espalda del ruso—. Lo que pasó anoche... esa forma de poseerme... me hizo sentir que finalmente rompí mis cadenas. Pero no puedo evitar que el nombre de Gabriel cruce por mi mente como un fantasma.
—María, mírame —respondió Vladi