Nueva York – Departamento de Lucía
El ambiente se volvió eléctrico. Entre risas y miradas que quemaban, perdieron el control. Lucía se montó sobre él, besándolo con una pasión que rozaba la desesperación. Iván se dejó llevar, y en la cama ambos se entregaron al inmenso placer que los consumía.
Lucía, con voz firme y la respiración agitada, le ordenó:
—Hazme tuya Iván, déjame sin aliento.
Iván la miraba mientras recorría su cuerpo con besos húmedos que dejaban un rastro de fuego.
—Esta noche, nunca la olvidarás —prometió él, con la voz rota por el deseo.
Sin previo aviso, Iván deslizó su mano hacia abajo, buscando el calor que ya empapaba la ropa interior de Lucía. Ella arqueó la espalda, soltando un gemido de sorpresa y placer.
—¿Qué haces…? Iván… —susurró ella, pero enseguida se rindió al tacto—. Ah, pero me gusta… sigue, anda.
Iván, con la mente nublada por la lujuria, decidió llevar a Lucía a un punto de no retorno. Con movimientos expertos, metió sus dedos profundamente en la vagi