El tribunal retomó la sesión tras el receso. El juez, con el documento en la mano, miró a los presentes con gravedad.
—Este informe sugiere que hubo manipulación en las pruebas iniciales. Si se confirma, el caso contra Gabriel podría tambalearse.
Un silencio sepulcral invadió la sala. Gabriel sintió que la esperanza renacía, aunque frágil como un cristal. María, con lágrimas contenidas, apretó las manos sobre el regazo: la verdad podía salvarlos, pero también destruirlos si se revelaba demasiado.
Los abogados comenzaron a discutir acaloradamente. El fiscal exigía verificar la autenticidad del documento, mientras la defensa pedía que se suspendiera la condena provisional. El juez, implacable, ordenó la llegada de un testigo clave para esclarecer la situación.
En la mansión, Zelda preparaba su estrategia.
—Mañana me presentaré en la cárcel —dijo con voz firme—. Gabriel debe ver con sus propios ojos lo que María oculta.
Lucía la observaba con calma calculadora.
—Hazlo, pero recuerda: si