El tribunal estaba abarrotado. Gabriel entró escoltado por los guardias, con el rostro endurecido. El juez anunció el inicio del segundo juicio, y las palabras cayeron como piedras:
—Las pruebas son concluyentes. La condena podría superar los quince años de prisión.
Gabriel sintió que el aire se le escapaba del pecho. María lo miraba con desesperación, pero no podía alcanzarlo. El murmullo de la multitud se convirtió en un rugido que lo dejaba sin aliento.
En otro lugar, Mónica se recuperaba po