La Noche de la Intrusión
La oscuridad de la noche se cernía sobre el apartamento de María con una pesadez inusual. Por una mezcla de suerte y casualidad, el plan de Lucía para secuestrar a Dairon se vio frustrado. El pequeño tenía instalado en su habitación un sofisticado sistema de alarma que se activó en el momento exacto en que una figura sombría intentó forzar el ventanal. El estruendo metálico rompió el silencio sepulcral de la madrugada, obligando a los intrusos a huir de inmediato antes de ser descubiertos.
María, cuyo sueño siempre había sido ligero desde sus años en prisión, saltó de la cama con el corazón martilleando contra sus costillas. Corrió hacia la habitación de su hijo, encontrando a Dairon aún sumido en un sueño profundo, ajeno al peligro que acababa de rozarlo. Al ver el ventanal entreabierto y sentir la ráfaga de aire frío de la noche, el terror la paralizó por un segundo.
—No... otra vez no —susurró, cerrando la ventana con manos temblorosas y activando todos los