El Beso de la Discordia
El aire en el despacho se había vuelto denso, cargado de una electricidad que ninguno de los dos podía ignorar. Las miradas de Alejandra y Gabriel se cruzaron en un silencio prolongado, un espacio donde las palabras sobraban y los recuerdos gritaban. Fue entonces cuando Gabriel, impulsado por una mezcla de desesperación y nostalgia, acortó la distancia y la besó.
Al principio, el mundo se detuvo para Alejandra. Atónita, se dejó llevar por la calidez de unos labios que su memoria corporal reconocía perfectamente, siguiendo el beso por un instante que pareció eterno. Sin embargo, la chispa de la traición y el recuerdo de los años en prisión se encendieron en su mente. Reaccionó con violencia, apartándolo y propinándole dos sonoras cachetadas que resonaron en las paredes de la oficina.
—Lo siento... no debí hacer esto —balbuceó Gabriel, llevándose una mano a la mejilla, con la confusión grabada en el rostro.
Alejandra, con la respiración agitada y los ojos e