El silencio era ensordecedor. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz tenue de la ciudad que entraba por la ventana. Sandra estaba sentada en el suelo, con las rodillas contra el pecho y los ojos fijos en el vacío. El abrigo aún colgaba de sus hombros, pero ni siquiera sentía frío. Estaba anestesiada. Había intentado dormir, pero no lo logró. Había intentado llorar, pero ya no le quedaban lágrimas.
Observó las fotos desde su movil, penso en el beso robado que hizo que todo