Un par de días después, Zayd sorprendió a Mariam con un plan inesperado: viajar a Dubái. No para compromisos oficiales, ni reuniones diplomáticas. Esta vez, era para algo mucho más íntimo: escoger el vestido de novia.
—Quiero que lo elijas sin presiones —le dijo—. Quiero verte brillar como tú sueñes, no como las tradiciones digan.
Mariam aceptó la invitación con una mezcla de ilusión y nervios. Aún no se acostumbraba del todo a ser tratada como la prometida de un príncipe, y menos, a recibir am