— Tengo que seguir atendiendo a los clientes, Hermoso Querubín — dijo, guiñándome un ojo — ¿Vas a querer algo más?
— Sí, sírveme otro trago. Pero esta vez algo más suave.
Volker preparó el trago y lo dejó frente a mí. Comencé a beberlo lentamente, sintiendo cómo el alcohol se deslizaba por mi garganta. Mi cuerpo, no acostumbrado a beber mucho, comenzó a sentir los efectos. Sentí una fuerte embriaguez que se apoderaba de mí, haciéndome sentir más valiente y desinhibida.
Luego de acabarlo, decidí