— ¿Cómo has estado? — pregunté, tomando su mano.
— Ha sido difícil — admitió.
— No sabes cuánto he pensado en ti. Cada día me preguntaba cómo estabas, qué te había pasado.
— Lo sé, y lo siento — dijo, con los ojos llenos de arrepentimiento—. Prometo que te contaré todo cuando salga de aquí.
Nos sentamos y comenzamos a hablar, tratando de aprovechar cada segundo de nuestra visita. Aunque había muchas preguntas sin respuesta, en ese momento, lo único que importaba era que él estaba bien a pesar d