Cinco años atrás
El aire acondicionado zumbaba suavemente, manteniendo la habitación a una temperatura gélida que contrastaba con el sol abrasador que se filtraba por las cortinas de seda. Anastasia sentía que su cerebro era una masa espesa y lenta. Los recuerdos de la noche anterior —o de cuando fuera que hubiese pasado— eran fragmentos inconexos: música demasiado fuerte, el olor a sudor, la sensación de manos desconocidas y, finalmente, la oscuridad total.
Se miró las manos. Estaban limpias.