El coche con sus ventanas polarizadas, se sentía como una burbuja de alta tecnología avanzando hacia la prehistoria. Habíamos pasado la euforia inicial del Pabellón del Loto Celeste y la diversión de las patatas fritas. Ahora, la carretera que Adrián seguía se estrechaba cada vez más, convirtiéndose en un camino de grava irregular flanqueado por árboles centenarios y maleza espesa.
—Según el GPS, El templo de las sacerdotisas debería estar por aquí —murmuró Adrián, frunciendo el ceño a la panta