La habitación estaba iluminada con unos cuantos rayos de sol que habían logrado burlar la espesura de las cortinas pesadas, pintando líneas doradas sobre la alfombra.
Mis ojos se fueron abriendo poco a poco, luchando contra el peso del sueño profundo. Al principio, mi vista se volvió borrosa, un manchón de formas y sombras indefinidas, alce la mano y agarre mis lentes de la mesita de noche, y así, el entorno iba aclarándose lentamente. Reconocí el techo alto, la lámpara de diseño, el silencio del aire acondicionado.
Sentía el cuerpo un poco pesado, como si la gravedad hubiera aumentado durante la noche, pero de cierta manera, estaba infinitamente más descansado que el día anterior. El colchón era una nube y el cansancio brutal del viaje parecía haberse disipado.
Me moví lento, desperezándome con un estirón largo de mis brazos, sintiendo cómo mis vértebras crujían satisfactoriamente. Me puse derecha, apoyando la espalda contra el cabecero acolchado.
Luego, por puro instinto, miré a mi