El sol de la mañana bañaba la calle comercial más exclusiva de la ciudad. Valeria caminaba con paso aún inseguro entre Adrián y Gonzalo, tratando de asimilar que estaba legalmente casada. Gonzalo, como un turista en safari, no dejaba de tomar fotos con su teléfono a cada instante.
—¡Foto del “feliz” matrimonio saliendo del juzgado! —anunció, capturando la imagen de Valeria con una sonrisa tensa y Adrián con su habitual aire de suficiencia.
—Gonzalo, por favor, —murmuró Valeria, ajustándose los