La luz de la mañana se colaba por la ventana, más brillante y esperanzadora que los días anteriores. Justo cuando un silencio cómodo se había instalado entre Adrián y Valeria, la puerta se abrió para dar paso al doctor a cargo, con una tabla de notas en la mano.
—Buenos días, ¿cómo se siente hoy? —preguntó el médico con una sonrisa profesional.
—Mucho mejor, la verdad —respondió Valeria, y esta vez no era solo por quedar bien. El dolor agudo había cedido, transformándose en una molestia manejab