La habitación del hospital, antes un santuario de alivio, se transformó en una sala de interrogatorios. El Agente Díaz, con su libreta de notas, y una mujer de rostro sereno que se presentó como la Psicóloga Elena Ramos, se sentaron a los pies de la cama. Adrián permaneció de pie en un rincón, cerca de la cabecera, su presencia era una silueta quieta y tensa, una fortaleza desde la cual Valeria podía, quizás, sacar valor.
—Señorita Park, Valeria —comenzó la psicóloga, con una voz calmada que in