El primer conflicto del día no llegó envuelto en urgencia. Valeria lo percibió mientras se servía café por segunda vez. No fue una discusión abierta ni un tono elevado, sino un cambio sutil en las miradas. Dos personas hablando demasiado bajo. Un tercero escuchando sin intervenir, con los brazos cruzados y el cuerpo inclinado hacia atrás, como si ya hubiera decidido algo antes de que la conversación terminara.
—Eso no estaba acordado —dijo finalmente una voz masculina, cansada más que molesta