El despacho no explotó en alarmas. No hubo sirenas ni luces estroboscópicas.
Eso fue lo primero que inquietó a Carmen.
El Modo Contingencia Humana se manifestó de una forma mucho más sutil: el silencio activo de un sistema que ya no obedecía impulsos, sino decisiones. Las pantallas dejaron de parpadear y adoptaron un tono gris neutro, casi clínico. El zumbido eléctrico bajó de intensidad, como si la Torre Han hubiera decidido pensar antes de reaccionar.
—Interesante —repitió Carmen, esta ve