Valeria sintió que el aire del apartamento se volvía gélido. Sus ojos, entrenados para detectar irregularidades en los informes, se fijaron en el pequeño candado digital de la esquina inferior de la pantalla. El icono, que siempre debía ser un verde sólido, palpitaba ahora en un ámbar intermitente, como una señal de advertencia que gritaba peligro.
—Adrián —susurró ella, inclinándose sobre su hombro y señalando la anomalía—. Alguien está puenteando la señal. No somos los únicos en esta llamad