El todoterreno negro se detuvo frente a un edificio de arquitectura moderna y discreta en la zona este de la ciudad. No era la torre monumental del anterior apartamento, pero destilaba una elegancia sobria y, sobre todo, una seguridad impenetrable.
—Llegamos —dijo Adrián, apagando el motor. El silencio repentino dentro del coche fue casi ensordecedor—. Baja solo lo necesario, los guardias del edificio subirán el resto de las maletas.
Al entrar, Valeria notó la diferencia de inmediato. El lobby era más íntimo, con paredes de madera oscura y una iluminación cálida. El conserje asintió con un respeto genuino, pero sin la pompa exagerada a la que estaba acostumbrada. Subieron en un ascensor que olía a sándalo y, al abrirse las puertas del piso 12, Adrián introdujo una clave en un panel táctil oculto tras una moldura.
El apartamento era impresionante. Aunque era notablemente más pequeño que el anterior, se sentía mucho más lujoso en los detalles. Tenía un concepto abierto, con ventana