Marcus se encaminó hacia la salida de la habitación, sus pisadas resonaron con un eco siniestro que parecía ahogar las súplicas de Miranda a su paso...
—¡Traigan al desgraciado de inmediato! —La voz de Marcus Arched resonó como un trueno en la sala de espera de la clínica, haciendo que más de uno de sus hombres se estremeciera— ¡Y asegúrense de que no se les escape por el camino!
Piero, su guardaespaldas de más confianza, asintió secamente antes de dar media vuelta y salir a toda prisa,