Cinco años habían transcurrido desde aquel día fatídico en que Maya y Marcus se reencontraron, descubriendo la verdad sobre su hijo y redescubriendo el amor que nunca había desaparecido realmente. La villa Arched, una vez escenario de dolor y malentendidos, ahora rebosaba de risas y felicidad.
Era una cálida tarde de verano en Sicilia. Maya, con su vientre de cuatro meses de embarazo, observaba desde la terraza cómo Marcus jugaba con su hijo Matteo y su sobrino Luca, el hijo de Miranda, ambos d