El silencio que siguió a la partida de Marcus fue roto por el sonido de aplausos burlones. Maya, aún de rodillas en el suelo, levantó la mirada para encontrarse con Miranda, quien se acercaba con una sonrisa cruel en su rostro.
— Bravo, bravo — se burló Miranda, su voz cargada de veneno — Qué espectáculo tan conmovedor, ¿No es maravilloso cómo la vida te devuelve todo lo que haces?
Maya la miró, incapaz de responder a través de sus lágrimas. El dolor de la partida de Marcus aún era demasiado fr