Collin*
Collin se sentó en la cama lentamente, el cuerpo aún débil. Su cabeza palpitaba, la vista borrosa.
El hombre se acercó, vacilante.
“Tranquila, tuviste una caída fea en el arroyo.”
Pero Collin ya estaba incorporándose, aunque sus piernas temblaban bajo su peso.
“Necesito salir.” —su voz salió ronca, pero decidida.
El hombre alzó las manos en un gesto pacificador.
“Vas a desmayarte otra vez si…”
“¡Necesito salir!” lo interrumpió, la paciencia desvaneciéndose, la sangre latiendo en sus oíd