Alade abrió los ojos con un sobresalto, jadeando, escupiendo agua como si sus pulmones lucharan por liberarse de la muerte. El mundo giraba, el sol quemaba su retina como un hierro al rojo vivo, y todo dolía. Se incorporó, empapada, el pecho subiendo y bajando como si fuera a explotar.
Poco a poco, sus ojos reconocieron una figura arrodillada a su lado. Aaron. Jadeante, con el rostro pálido y los cabellos pegados a la frente, la observaba como si temiera que no despertara.
"¿Qué… pasó?" Su voz