Alade rodeó el cuello de Aaron con sus brazos, atrayéndolo más cerca. La luz de la lámpara titilaba al fondo, proyectando sombras danzantes en las paredes del camarote, como si el propio barco supiera lo que estaba a punto de suceder.
Aaron parecía reacio, sus ojos buscaban respuestas que ni él mismo entendía. Aun así, los labios se encontraron, chocando con una intensidad cruda, casi cruel. Había rabia allí. Había fuego, un deseo enredado con sentimientos sin resolver. Un beso feroz, descontro