Collin yacía en el suelo, el cuerpo débil pero la mente afilada. Vio el pavor estampado en los rostros de las cuatro mujeres.
"¡Él nos va a matar!" gritó una de ellas justo en el momento en que otro golpe violento sacudió la cabaña.
La rubia comenzó a llorar, encogida contra la pared.
"¡Mantener la calma!" ordenó la morena, intentando mantener la compostura.
"No nos matará, somos del pueblo. Todas nosotras."
"Pero secuestraron a su alma de uno…" la voz de Collin salió rasposa; apenas se recono