—¿Por qué tienes contacto con el príncipe?
La rubia lo miró como si hubiera hecho la pregunta más tonta de todo el curso.
—¿Tú por qué respiras?
El lycan volteó los ojos.
—Muy madura, humana.
—No hablemos de madurez—se burló mientras se sentaba—. Lo dice quien fingió ser animal solo para su propia diversión a costa de otra persona—se acomodó en el sofá de enfrente—. La corona conoce a todos, no puedes simplemente desaparecer de su radar.
—¿Querías irte a ese lugar?—el lobo arrugó el ceño—. No e