Una alegría casi insoportable hizo que Lark sintiera estallar su corazón de lobo. Reclamó sus labios en un beso voraz, al que Kary respondió del mismo modo.
Antes de que se le escapara la última pizca de lucidez, rompió el beso y clavó su mirada en la de su mate. Ella a su vez, lo miró interrogante.
—Una última cosa, me pican demasiado los colmillos como para poder controlarme—le mostró esos caninos como comenzaban a querer alargarse para probar y remarcar la bonita marca en el cuello de su m