—¿Para esto es que me has traído aquí? ¿Para que nos unamos como un matrimonio bendecido por la energía natural?—preguntó Kary con la voz colgando de un hilo.
Su espalda automáticamente se estiró y los músculos se le volvieron rígidos, con la mente en blanco y la lengua de piedra.
Por primera vez, casi deseó que su luna no se hubiera sentido tan cómoda haciéndole cualquier pregunta que se le pasara por la cabeza, como él mismo la había estado animando a hacer. Había estado dando oraciones para