69. La carga de la sangre.
Franco me sujetaba fuertemente por el brazo. Yo entendía muy bien por qué tenía dudas; las cosas que había escuchado por parte de su abuelo lo habían confundido en exceso. Pero yo sabía que eso iba a pasar. Yo sabía que Franco y yo, al escuchar todas aquellas acusaciones, todas aquellas verdades, nos íbamos a perder. Entonces me zafé con fuerza de su agarre.
— No me sujetes de esa forma — le dije, en un tono de Alfa.
El muchacho bajó la mirada.
— Lo siento, pero necesito saber si todo lo que