69. La carga de la sangre.
Franco me sujetaba fuertemente por el brazo. Yo entendía muy bien por qué tenía dudas; las cosas que había escuchado por parte de su abuelo lo habían confundido en exceso. Pero yo sabía que eso iba a pasar. Yo sabía que Franco y yo, al escuchar todas aquellas acusaciones, todas aquellas verdades, nos íbamos a perder. Entonces me zafé con fuerza de su agarre.
— No me sujetes de esa forma — le dije, en un tono de Alfa.
El muchacho bajó la mirada.
— Lo siento, pero necesito saber si todo lo que dijo mi abuelo es verdad.
Miró alrededor para asegurarse de que nadie lo escuchara.
— Ana no es tu luna de verdad.
— ¿Qué importa? — le dije, mientras avanzaba nuevamente hacia el establo — . Tu abuelo la contrató de un orfanato en la ciudad para que se hiciera pasar por mi luna destinada. Tampoco es para tanto. De todas formas, en el caso de que yo hubiera conocido a alguna mujer y me hubiera enamorado de ella, tampoco hubiera sido mi luna destinada. Sabemos que eso no existe. Si en algún m