70. Deciciones en la jungla.
El niño me observó con una determinación aterradora. Jamás en la vida hubiera imaginado que un niño tan pequeño pudiera desprender ese carácter, esa aura comprometida y firme. En definitiva, sería un excelente Alfa… eso si lográbamos sobrevivir.
Mi idea de llevármelo y escapar con él no era tan descabellada. Tal vez pensaba un poco desde mi egoísmo; el egoísmo que me había llevado a querer arrancar a mi hijo de una vida que ya tenía formada, solamente para tenerlo conmigo. Pero también estaba la sensatez de que, en el fondo, yo podía tener razón. Si Bastian había logrado tomar Alaska, regresar sería prácticamente un suicidio. No podíamos arriesgarnos.
— No puedo dejar a mi manada — dijo el niño nuevamente — . No puedo dejar a mi papá y a mis hermanitos.
— Lo entiendo — le respondí — , pero tienes que ser sensato y pensar a largo plazo. Si bajamos de esta montaña y vamos allá, y resulta que Bastian ganó esa pelea, Alaska va a ser suya y va a matarnos.
— Pero yo no puedo abandonar