66. Bajo la sombra del cuervo.
Tomé al niño por la muñeca y lo jalé desesperadamente hacia los árboles para escondernos ahí, con el corazón acelerado, con cada extremidad de mi cuerpo temblando de frío y también de miedo. Si ese cuervo nos encontraba, estaríamos fritos. Escuché nuevamente el aleteo por sobre nuestras cabezas. La niebla era demasiado espesa como para que pudiera vernos, pero tal vez podía percibirnos; hasta donde sabía, los Reyes Cuervo tenían poderes mágicos extraños, podían percibirnos, podían ver nuestro calor corporal o yo qué sé, pero de alguna u otra forma iba a saber que estábamos ahí, nos habría sabido y nos llevaría con Bastian, y yo eso no iba a permitirlo, porque en el momento en el que el Alfa se metiera nuevamente en mi cabeza, así como lo había hecho antes de que voláramos con la Cuervo, iba a descubrir que Axel no era su verdadero hijo y iba a leer en mis pensamientos que él era el verdadero hijo de Maximiliano, y estaba segura de que lo mataría, estaba segura de que acabaría con su v