67. Los lobos que no vuelven.
Había sido incapaz de separarme de él durante toda la noche. Transformado en lobo, a su lado, habíamos pasado la noche en uno de los establos. El niño se había recostado en mí; era exactamente igual que mi lobo, el mismo tamaño, con la misma contextura, y él apenas era un pequeño niño. Cuando creciera, su lobo sería más grande y más fuerte. Me sentí orgulloso de eso, de que mi hijo se convirtiera en un lobo fuerte y poderoso. Pero primero teníamos que sortear ese problema.
Algo había pasado, algo que no lograba entender, y estaba completamente seguro de que todo dependía de aquel hechizo que había lanzado el Cuervo antes de llevarse a Bastian. Aquel fuego verde que nos había separado había hecho que todos en el lugar regresáramos a nuestra forma humana, incluso el mismo Bastian. Todos, menos el pequeño Nicolás, porque no era capaz de transformarse nuevamente.
De la mano, había pasado gran parte de la noche intentando explicarle, utilizando todos los métodos posibles. El anciano del Co