206. El Amanecer de la Guerra.
Los tres niños salieron corriendo de inmediato hacia Franco. No sabía si tal vez, por ser niños, no sentían ese respeto abrumador que desprendía el hombre, o tal vez lograban percibir la extraña sensación cálida y paternal. Franco no lo dudó ni un instante; abrió sus manos y los tres niños saltaron sobre él. Era tan fuerte que los abrazó a los tres a la vez.
— ¿Están bien? — dijeron.
Les dio muchos besos y los abrazó. Era extraño, porque parecía Franco, parecía él, lo que él siempre había sid