193. El lago de los primeros.
Justamente como lo había imaginado, al menos un kilómetro más adelante, el muro en el que íbamos se detuvo abruptamente. Pero estábamos muy cerca. Estábamos tan cerca que podía sentir cómo Mara se comportaba con extrañeza.
— ¿Qué es lo que pasa? — le dije, apoyando mi mano en su hombro.
La muchacha negó.
— Es la conexión. Es el llamado. Puedo sentirlo, puedo sentirlo palpitando aquí, en mi pecho.
Estiró la mano hacia donde estaba la luz, como si pudiera alcanzar a tocarla. Estábamos muy cerc