158. Guardianes del Laberinto.

Lo sentí muy lejano en medio de mis sueños, pero aún así pude sentirlo. Era tan vivo y tan importante: mi hijo, mi pequeño hijo. Podía sentir su conciencia; era apenas un pequeño susurro, como la diminuta flama de una vela, pero ahí estaba. En cuanto desperté, extendí mi conciencia hacia él. Pude sentirlo tan cercano, tan vivo, y eso me llenó el cuerpo de una extraña sensación que hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas.

Maximiliano estaba ahí a mi lado, abrazándome desde atrás. Pude sentir s
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