148. El Ritual de la Sangre.
Nos asignaron una pequeña cabaña que se veía pequeña por fuera, pero, normalmente, en el que abrimos la puerta, resultaba que no era más que una pequeña fachada: las escaleras descendían al menos dos metros debajo de la tierra. Era espléndidamente grande. Mara entró arrastrando sus alas. Parecía que toda la aldea estaba completamente diseñada para que ella pudiera entrar sin tropezarse con nada, a pesar de que tenía sus alas perfectamente recogidas en su espalda.
— Pueden pasar aquí la noche