13. La Mentira Del Alfa.
Maximiliano se apartó de mí. En el momento en el que se alejó pude sentir cómo su calor corporal se fue con él, a pesar de que seguía sentado a mi lado.
— Y así es como se daña un excelente momento — comentó con sarcasmo.
Pero yo simplemente me encogí de hombros.
— Bueno, para ti era un excelente momento, para mí no. Creo que merezco saberlo.
— ¿Pero qué? No, no mereces saberlo — lo dijo con impaciencia — . Son cosas mías, de la manada. No tienes por qué saberlo. Tu misión aquí es ser la luna perfecta, sonreír ante los demás y fingir que esto te importa. Y darme un hijo, y una vez sobrevivamos a la guerra que se avecina, podrás regresar a tu ridículo pueblo convertida en una millonaria. Así que esto no debe importarte.
— Claro que me importa. ¿Crees que soy tan ingenua como para pensar que esto es temporal? Parece que toda la manada piensa que voy a quedarme para siempre. Y sinceramente, si es verdad que viene una guerra contra ustedes, no creo que duremos demasiado. Al menos no