120. El jiro helado.
Nunca me había llegado a imaginar que las cosas hubieran salido tan terriblemente mal. De verdad pensé que Franco había logrado hacer algo con los vampiros, pero mientras me arrastraban por los túneles con los ojos vendados y las manos cubiertas, supe que el pobre muchacho no había logrado hacer nada.
No entendía para qué me vendaban y tampoco para qué me amarraban; incluso en mi forma humana podía romper las cuerdas que ataban mis manos, y mi sentido de orientación era tan bueno que casi pude