112. El Instinto Salvaje.

— ¿Cómo que se está volviendo salvaje? ¿A qué te refieres? — le pregunté mientras comenzábamos a correr al interior del lugar.

— Pasa cuando un lobo se queda demasiado tiempo en esa forma, pero era un mito.

Entonces estiré mi conciencia hacia Nicolás para intentar hablar con él, para intentar preguntarle qué era lo que estaba pasando, pero aunque pude sentirla, aunque pude sentir su conciencia, no estaba realmente ahí; se sentía diferente, vacía, como si estuviera intentando contactar con la conciencia de otra criatura, una criatura sin mente, todo lo guiaba el instinto.

El lobo enorme atacó a Axel, abriendo sus fauces para arrancarle la cabeza de un solo mordisco, pero el anciano John llegó tan rápido, saltando desde donde estaba, apartando al niño de la trayectoria de las fauces del lobo.

— ¡Nicolás! — le grité.

Cuando pude ver de reojo que mi hijo estaba a salvo, me puse de frente al lobo y él clavó sus ojos en los míos.

— ¿Estás bien? Cálmate, soy yo. No te preocupes. Todo va
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