- Misha, no puedes seguir así, estoy preocupada por ti. - escuché decir a Mica mientras observaba a un hombre, en la mesa contigua, entregar un ramo de flores a una joven hermosa en aquel pequeño café donde nos encontrábamos.
Habían pasado tres días desde el último mensaje. Mis nervios estaban crispados, cualquier sonido fuera de lugar lograba sacarme de quicio. Arruiné tres pruebas de laboratorio por entrar en pánico ante voces desconocidas que resultaron ser nuevos empleados. Sentía mi vida de