-Por favor, dime que no te marcharás de aquí- , le supliqué cerca de sus labios, sin querer soltarla con una voz cargada de emotividad.
Sus ojos celestes, en los que me perdía con fervor, parecían querer transmitir un mensaje que se les escapaba.
- Khal..- logró articular antes de que un estruendoso sonido rompiera el momento de intimidad que compartíamos. En ese instante, se apartó de mi lado y juntos presenciamos cómo David arrastraba a un Annon furioso hacia nosotros.
-¡No tienes derecho a