Por primera vez vi a mamá sonreír, estaba feliz. Iban a bailar, al cine, empezamos a planear juntas las próximas vacaciones. Todo marchaba tan bien que poco después, él se mudó con nosotros. Era cariñoso conmigo, me regalaba muñecas, me consolaba cuando lloraba y le contaba lo que nos hacía mi padre.
En mi décimo cumpleaños, recibí un gran paquete: un maletín de doctora, el mejor regalo que me hicieron. Pensé que la vida no podría ser mejor, pero la realidad siempre muestra su verdadero rostro.