“Se podría decir que estoy jodida desde hace el día que nací” pensé burlándome de mi misma, mientras apuraba otro trago.
Cuando era niña, soñaba con ser una gran doctora que curara el mal en el mundo. Recuerdo que vendaba las patitas del perrito que teníamos en casa, cosía los brazos y piernas de viejos peluches prometiéndoles que sanarían si guardaban reposo.
Al cerrar los ojos por las noches, ese anhelo me llevaba a un mundo sin sufrimiento, sin lágrimas. Así, cuando él entraba a mi habitació