Lía estaba a punto de responder de forma agresiva cuando, muy cerca, se escuchó la voz cortante de Damián.
—Encinos no tiene nada que ver con La Cantera. Aquí solo hay una dueña, así que lo que diga mi madre no tiene ninguna validez.
Chela soltó a Lía y se volteó para hacerle una reverencia respetuosa.
—Señor.
Él se acercó con paso firme y sus ojos se cruzaron con los de Lía. Le sostuvo la mirada apenas un segundo, con una actitud dura, antes de dar media vuelta.
¡PUM!
Cerró la puerta con un gol