Aunque eran esposos, a Lía le dio muchísima pena que estuviera examinando su ropa interior.
—Estás loco, ¿verdad? Nadie en su sano juicio se llevaría lencería así a un viaje de trabajo.
Le arrebató los dos conjuntos. De pronto, el negro le resultó familiar; ya se lo había puesto una vez. Aquella ocasión, Damián estaba tan entusiasmado que incluso sacó... las esposas.
Una vez en la recámara, otra en el baño y, ya de madrugada, una más en el balconcito... Solo así quedaron satisfechos.
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